No Othello

Febrero 21, 2007 por Iliana Muñoz  
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El 14 de febrero se reestrenó No Othello en La Gruta del Centro Cultural Helénico. De autoría y dirección de José Alberto Gallardo.

La puesta nos presenta una dramaturgia que, si bien es hija de su tiempo, habla de la metafísica actoral de una forma y con reflexiones que lo hacen perteneciente y vigente en todos los momentos teatrales, es universal. En el Siglo XX surgió una corriente artística denominada “Arte por el arte� y se refería a aquellos productos que estaban destinados al mismo sector que los creaba, con códigos y símbolos que requerían un bagaje específico para poderlos decodificar. Dadas sus características, esta obra podría ser insertada en esa categoría. La estructura, por ejemplo, nos remite a nuestro posmodernismo donde Desdémona y Othello son sólo un pretexto para hablar de preocupaciones más profundas, preocupaciones que a veces lo son porque parecen insignificantes pero tienen un fuerte grado de análisis. Definitivamente es un texto y una propuesta muy personal, casi de imposible acceso si no se conoce la anécdota de Othelo de pe a pa y más difícil aun si no eres actor, dramaturgo o director, o bien, un ávido y sensible espectador.

De ahí, de lo complejo que el autor vierte en las palabras, surge la necesidad de actores que entiendan su búsqueda, sus hallazgos y la necesidad de transmitir esas interrogantes como propias. En esta reposición, el elenco está conformado por Alicia Lara, Pedro Mira y Cinthia Patiño. Dado que yo la ví en su temporada pasada, no puedo hablar del trabajo de Lara, quien sustituye a un personaje masculino. En La Gruta, donde no es necesario gritar ni gemir, y sobre todo, con una propuesta como esta, donde lo imprescindible es la honestidad, el ser sincero con los textos, es muy evidente cuando un actor está donde debe estar, siendo sincero con sus emociones, con lo comprensible que sea para él lo vertido en su cuerpo, en su voz, vehículo de su mente. En este sentido, el trabajo de Cinthia Patiño se mostraba congruente y notable con las necesidades del montaje.

Dentro de esta metafísica del actor se habla de la ontología del lenguaje, la cuestión de la extranjería, usando convenciones en donde es deliciosamente evidente que los personajes no se entendían, como justo ahora podemos no entendernos con alguien más, aun hablando el mismo idioma. Las costumbres diferentes, las confusiones dadas por la cotidianeidad de los hábitos es un reflejo claro de cuando uno está en otro país y se siente maravillado por lo “otro” pero también vulnerable. Esa vulnerabilidad es la que requiere ser transmitida al espectador, objetivo que se logra por momentos, pero no siempre.

La percepeción de No Othello, lo lleva a uno por muchos rumbos, lo mismo al lenguaje de la narración, que al del combate escénico, que al de una escena íntima aparentemente sacada de una pieza contemporánea.

El amor, un actor que representa un actor que representa un personaje son espirales que no terminan. Las escenas se encabalgan de un modo natural a veces y otras, forzado sin saber exactamente el porqué de su espacio escénico, el uso estético o funcional de la escenografía.

Definitivamente es un montaje arriesgado, porque el autor se atreve a decir lo que quiere aun cuando el eco no sea el de un “éxito de masas” que tienen en común el consumo de productos medios. Es la defensa absoluta puesta en praxis, por una búsqueda personal del lenguaje escénico. Sin embargo esta búsqueda es realizada desde la conciencia de los elementos escénicos y el uso de recursos que pueden entrar o no dentro del gusto del espectador, pues son gusto y técnica aquellos elementos que a veces logran sincronía y otras no.

NoOthello, Sobre la obra “La Tragedia De Othello, el Moro de Venecia� de William Shakespeare, Autor y director: José Alberto Gallardo. Asistente de Dirección: Luz Vallmen
Foro La Gruta. Centro Cultural Helénico
Av. Revolución # 1500
Miércoles 20:30 hrs.
Temporada: Del 14 de Febrero al 14 de Marzo de 2007
Elenco:
ALICIA LARA Yago
PEDRO MIRA Othello
CINTHIA PATIÑO Desdémona

LA INTOLERANCIA, CONSTANTINA Y UNA MAS

Noviembre 28, 2006 por Iliana Muñoz  
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El día de la intolerancia…y Constantina no estaba, del joven dramaturgo Hugo Abraham Wirth se presenta bajo la dirección de César Manjares en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico.

La obra plantea tres historias coexistiendo en un mismo tiempo, en diferentes espacios, aunque con una distancia geográfica muy corta, lo que hace, que irremediablemente todos los personajes converjan de manera directa o indirecta. Este diseño está predeterminado por la dramaturgia, que, muy acorde a su contexto, está inserta en una corriente que no requiere de focos centrales de atención, que impone textos simultáneos, que salta de un texto a otro, haciendo el trayecto hacia la otra anécdota, que en principio parece inconexa, pero después adquiere la forma. El juego es parecido a aquellos cuadros y hologramas donde se veían formas abstractas detrás de las cuales había escondida una figura y una vez que esta era descubierta por su espectador, no podía dejar de verla, para regresar a la amorfidad.

Está plagada de elementos kitch en el lenguaje, con referencias a épocas y personajes específicos. Podría ser fácilmente una crítica que se torna nihilista, pues refleja ridículos a los escritores de novelas rosa y de autosuperación (Constantina es el alter ego de Carlos Cuauhtemoc Sánchez o Jorge Serrano Limón), diputada y escritora, con sus incongruencias y su mundo de fantasía y de moral apretada que tiene la depravación en casa, Horacio(Juan Carlos Vives), su marido, que se viste de mujer, tiene personalidades múltiples y se masturba leyendo los libros de su esposa. Por tanto, se burla de los consumidores de estos libros, pero también de aquellos grupos juveniles que, en este caso son representados es los personajes de Claus (Lucero Fernández) y Balam (Mario Alberto Monroy) se manifiestan bajo el departamento de la escritora exigiendo cosas absurdas, de una manera muy anquilosada, tomando como pretexto el asunto para darle pasión a su vida, queriendo “ser parte de la historia� siendo absurdamente ignorantes.

La otra parte del triángulo está compuesta por una abuela (Evangelina Martínez), vecina de Constantina, quien vive indignada porque por culpa de la diputada tuvo que cerrar su “casa de citas� y espía por su ventana el departamento de su enemiga, acompañada de su nieto homosexual Ray (Rafael Morán). Su historia cambia radicalmente y podría remitir, en temática, que no en forma, a la planteada en Réquiem por un sueño, donde la fama efímera de la T.V. toma mucha importancia.

El texto dramático propone claramente una farsa, que no siempre es asumida por la puesta en escena por factores como ritmo, pues es muy importante que los intérpretes estén concentrados tanto en lo suyo como de escuchas, atendiendo sus pies, provenientes de otra escena simultánea; diferencia de tono y empatía entre los actores, confusión al asumir un personaje fársico (aun cuando para el espectador es evidente lo absurdo del asunto, el actor debería asumirlo de manera sincera y honesta). En este género es muy importante que el público entre con disposición a la convención planteada. Esto depende del número de gente (por cuestiones de sociología de las masas) y de particularidades del día y hasta de carácter y personalidad que deben sincronizar. En esta función era difícil encontrar momentos de comunicación y dependía de ambos lados, por supuesto.

La Gruta expone un espacio, que si bien no está vacío, da la sensación de estarlo, quizá por el minimalismo cromático rojo-negro, la distancia con la butaquería o la disposición de elementos escenográficos. La simultaneidad de voces parlantes y pensantes se logra bien, dado que el espacio del Foro es pequeño, sin embargo no es considerada esta situación para el volumen utilizado, pues generalmente la estridencia es la constante en la voz, no sólo en el sinfín de palabras altisonantes que son pronunciadas sino en el volumen tan alto, innecesario en un espacio escénico de esas dimensiones.

En una esquina del escenario hay un refrigerador rojo, elemento multisimbólico. Por el se proyectan imágenes, primero de anime japonés y posteriormente una especie de rayos, gotas o frecuencias deslizándose verticalmente. El frigorífico es “clóset� del depravado esposo a la vez que una puerta que conecta con otras dimensiones de la ya de por sí absurda realidad planteada (habría que recordar que entre el absurdo y el realismo hay una frágil línea), así como un aparato que congela en su interior una sorpresa.

Se nota una preocupación, no del todo lograda, pero ampliamente probada, por los elementos de producción, por una construcción de diseño de arte. Quizá haya más énfasis en esto que en la dirección de actores, quienes se ven acudiendo personalmente a su experiencia. Hay mucha tela de donde cortar para obtener risa, reflexión, entretenimiento, enojo, aburrición o incluso hasta la opción de salir preguntándose ¿qué me quisieron decir?, todo depende, claro, del espectador.

EL DIA DE LA INTOLERANCIA Y CONSTANTINA NO ESTABA

De Hugo Abraham Wirth
Foro La Gruta
Av. Revolución 1500
Miércoles 20:30 hrs.

LA CATRINA VIAJA EN TRANVIA

El fideicomiso del Centro Histórico organiza desde hace tiempo recorridos en
tranvia por las calles del Centro Histórico. Su más reciente paseo es La muerte viaja en tranvía, el cual incluye el recorrido por las calles y un espectáculo teatralizado en la sede del Fideicomiso, la casa de los condes de Heras Soto, que es un hermoso edificio colonial.

La cita es a las 19 horas a un costado de Bellas Artes. La puntualidad no es el fuerte del fideicomiso, quizá crean que porque uno está en la convención de pasear o turistear, no tienen que atenerse al horario citado.

Una vez empezado el viaje, uno va sobre el tranvía acompañado por un guía que, en este paseo, se viste muy elegantemente con sombrero de copa, traje y capa. Él va contándonos algunos datos sobre los edificios e iniciando la promesa de lo que veremos más tarde, un espectáculo referente al día de muertos.

A manera de prólogo, él nos habla ligeramente sobre las tradiciones de los aztecas, sus creencias religiosas y su concepción después de la muerte.

Desde este punto del recorrido surge la duda sobre el público al que está dirigido el trayecto, ya que, por su naturaleza, se pensaría muchas veces que va dirigido a un turismo, ya sea nacional o internacional. Pero para que esto fuera verdad, la información debería de estar mejor contextualizada, no dando por hecho que los usuarios son habitantes de la ciudad que ya conocen de antemano la información.

Por otro lado, si su público mayoritario es el citadino, también está mal dirigida la información, pues habría elementos que son muy obvios, como decirnos “a su costado tienen el Palacio de Bellas Artes”. No sólo en este paseo, sino en general los de los tranvias de los estados manejan
cierta “historia” que parece a conveniencia personal de los guias, por lo que sería más interesante que se informaran en diversas fuentes.

Lo que sí es cierto es que en este caso, el guía fue muy simpático y creó una atmósfera cómoda y entretenida. Al llegar al edificio colonial se lleva a cabo una representación de aproximadamente una hora. En ella se nos presenta a la catrina, interpretada por Arturo Rosales, quien en una manera travesti se presenta a sí mismo (a) cantando La llorona, es acompañado por un guitarrista que durante la representación mostrará ampliamente su talento. Juntos interpretarán de manera intercalada un repertorio de canciones mexicanas.

La catrina de Rosales es inconstante, comenzando por el maquillaje tan basado en los personajes creados por el cómico Dario T. Pie, que da pie a la reflexión sobre si porqué no utilizar un maquillaje personalizado que no aluda a esta imágen.

Posteriormente, en el canto tiene momentos sublimes, muy acoplados no sólo con el músico sino con la combinación entre interpretación y técnica, pero también tiene otros, dentro de la misma canción donde se va al extremo contrario, desafinando o desentonando. Mientras el texto exuda mexicaneidad se encuentran incongruencias sobre la forma, pues en un zapateado que se avienta, el interprete no está ceñido al folklor mexicano, remitiendo más bien a un estilo flamenco.

Sin embargo es necesario decir que la experiencia se le nota y que él la estructura que sostiene el espectáculo completo, sacando a flote los errores propios y ajenos y sobre todo logrando por su personalidad una gran empatía con la gente, lo cual no es poca cosa.

Quizá el mayor problema deviene en que el tema de día de muertos realmente no es tratado, ni siquiera de manera superficial. Pues en lugar de hablar de la tradición, optaron por introducir fragmentos teatralizados acerca de Benito Juárez y su esposa, Margarita, en contraste con el emperador Maximiliano y su esposa Carlota. Estas intervenciones son muy largas, la forma tan ortodoxa de contar la historia hace que estos personajes no se humanicen y sigan siendo finalmente una monografía de papaelería en tercera dimensión. Esto aunado al hecho evidente de
que de estos cuatro personajes, sólo la intérprete de Margarita es una actriz profesional, hace que tengamos que ver poses, vicios y momentos de amateurs que aunque intenten sacar adelante su papel no saben la manera técnica de exclamar o emitir un grito por la muerte del ser amado, por dar un ejemplo.

Por momentos es incomprensible la intención del fideicomiso, pues no logran tocar el tema de día de muertos, el paseo por el tranvía no es tan extenso y la representación, a pesar de lo entretenido de la catrina, se torna aburrida y larga en muchos momentos, nos llenan de fechas y datos pues justamente su concepción de historia es modernista, decimonónica y no atiende al caracter humano, de virtudes y defectos, de quienes crearon la historia. Para ellos sería bueno que tomaran como referencia el trabajo hecho por el dramaturgo Flavio González Mello, quien con 1822 y Lascurain dio un tratamiento muy interesante a hechos históricos. Por otro lado, creen que su público se sentirá beneficiado de cualquier extra, como dar pan de muerto y café y no hacen por profesionalizar su quehacer, ya que es evidente que no toda la gente implicada es un experto en el área. Al principio, en el tranvia, la primer intervención es una mujer que se sube y hace una oración, pero trae en la mano un “acordeón” con su mínimo texto, al cual recurre dos veces en un lapso de 30 seg.

Hay detalles básicos que van más allá del dinero. En la escena entre Benito Juárez y su esposa, ambos están escribiendose misivas. El hombre que representa a Juárez trae consigo una hoja bond actual en la que está escrito el libreto. Ella, por el contrario, trae una hoja que simula un papiro antiguo en el que quizá, puedan estar también sus líneas, sin embargo no lo notamos, y en el teatro o lo que se precie de llamarse como tal, eso es lo importante, lo que se ve.

Estas características adquieren valor en función de un elemento, el costo, se habla de los problemas de producciñon que existen para llevar a cabo el paseo, sin embargo el costo por este viaje específico es de $180. Así que si el público está pagando esta cantidad, merece resolución y no pretextos.

Como sea, es una buena opción para salir de la rutina de un día entre semana por la noche (si usted está dispuesto a pagar ese costo). La ofrenda construida en el palacio de los condes, aunque no es tradicional debido a los colores utilizados (blanco y negro), es muy bella. Y sobre todo, vale la pena poder observar el Centro Histórico con los ojos de la noche, sin tanto tráfico, ni puestos ambulantes, notando edificios majestuosos que nunca hemos visto, creandose la ilusión de visitar una ciudad nueva o bien, en la que por arte de magia, aparecieron edificios de un momento a otro.

Martes, miércoles y viernes 19:00 hrs.
Reservaciones e informes al 5512 1012

LINEA HORIZONTAL

Octubre 17, 2006 por Iliana Muñoz  
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Asistí a la función de estreno de esta obra atraída por estas premisas de su invitación: “¿Porqué (sic) no llevar la acción al desastre mismo? A un accidente automovilístico, donde se deja abierta la puerta a la interpretación personal de cada espectador….�?

Todo sonaba sumamente interesante, incluyendo el lugar de la representación: Una casa abandonada en Lomas de Chapultepec.

El que desde el inicio etiqueten su producto como una “obra abierta�? no habla de un material polivalente sino de una justificación a priori sobre la indefinición.

Es bien sabido que Dali antes de convertirse en el padre del surrealismo, Picasso un icono del Cubismo o todos los impresionistas proveernos de una pincelada basada en la luz y en la percepción inicial, estudiaron en la academia y eran perfectamente capaces de pintar un retrato o un bodegón al más puro estilo naturalista, pero su instinto, su contexto y su creatividad los llevaron a explorar otras formas de expresión plástica y rompieron con los paradigmas aprendidos.

De esto hay que subrayar que para crear un parteaguas, para experimentar, para romper moldes, hay que conocerlos primero y en el caso del teatro, conocerlo no significa solamente ser espectador o leerlo, sino asimilarlo desde la escena.

La Compañía de Teatro Astillero, dirigida por Oswaldo Valdovinos Pérez,
intenta con este, su primer montaje, “ofrecer un teatro profesional de calidad a largo plazo�? y a pesar de que están rodeados de buenas intenciones, no cuentan con la preparación adecuada para lograrlo, no por ahora, al menos.

Línea Horizontal, de Eric Leyton, es una dramaturgia que cuenta como eje central un choque automovilístico con la interrelación de problemas personales entre los ocupantes del auto, que son mostrados como causa del siniestro. El texto propone de por sí una desfragmentación de la dimensión temporal pero esto no es contrastado por el montaje, creando un montaje ininteligible, de cuarenta minutos insufribles y de muchas ganas pero en misma cantidad de ignorancia para llevarlas a cabo.

El problema no radica en lo amateur de sus elementos, finalmente en cualquier actividad creativa, la única forma de aprender, es haciendo, sino en la pretensión de haber logrado un montaje profesional y la creencia de que la preparación obtenida es suficiente para lograrlo. La presentación ante un público es importante en el proceso de formación, pero para eso existe la escuela y la prueba-error con amigos, familiares y demás, pero querer abrir el resultado a un público general y en dado momento, cobrar por ello, en esta etapa de su proceso como Compañía en inconcebible.

Sus intérpretes, María Teresa Adalid, Iliana Arias Antonio, Noé Iván García y Oswaldo Valdovinos, cuentan con enormes deficiencias actorales, pero esto se debe a que no son actores formados, en Iliana Arias, por ejemplo se ve un potencial, pero no hubo dirección de actores ni conciencia de todo lo que se requiere en un montaje. Las escuelas de Iniciación Artística son una excelente opción del INBA para sensibilizar a sus estudiantes y darles herramientas para desinhibirlos y darles una probada para saber si la actividad es apta para ellos, pero son justamente de “iniciación�?, posteriormente hay que seguir estudiando, no se puede creer que con estudios mínimos uno obtenga el rango para profesionalizarse. Parece ser que todos sus integrantes tienen una formación basada en disciplinas que si bien son afines al teatro, no son teatrales en realidad, conocimientos que en un futuro pueden llevarlos a crear puestas en escena de gran calidad, si aprenden a integrarlos adecuadamente y si obtienen a largo plazo la experiencia escénica necesaria que equilibre su sapiencia en otros ámbitos.

El montaje está lleno de buenas ideas y es muy notorio. No dudo que si logran ser autocríticos, en un futuro, puedan llenar ciertas expectativas. Tienen conciencia de la integración de la luz, del audio y hasta hacen la inclusión del video. Saben de lo necesario de un programa de mano, una carpeta y la existencia de las Relaciones Públicas. El prometido choque automovilístico (que en lo absoluto es cercano a la realidad como lo prometía su publicidad) es logrado con una escenografía/atrezzo de excelente manufactura en el que usan la estructura de un automóvil y es trabajado con diversos materiales consiguiendo, en efecto la textura de un aparatoso choque.

Línea Horizontal se estrenará próximamente en un espacio escénico del centro histórico, aun no se ha definido el sitio, ni la fecha, ni el horario, pero si usted llega a oír de esta obra, acérquese bajo previa advertencia, sabiendo que su mente debe ser “abierta�? no en un sentido moral sino hacia la experimentación a priori con un bajo rango de calidad escénica.

1/Lo correcto es ¿Por qué….

JULIO SIN AGOSTO EN OCTUBRE

Octubre 9, 2006 por Iliana Muñoz  
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El Foro Shakespeare es el escenario que alberga esta puesta en escena, escrita y dirigida por Carmina Narro.

En un espacio minimalista, con un piso de linoleum entre blanco y azul añil, una mesa de comedor, una mesa de paque, un reclinatorio religioso y una banca, se desenvuelve la historia que gira en torno a Julio y su padre, Julio y su hijo, Julio y su amante. Estos planos se mueven indistintamente en la dimensión del tiempo, por lo que no tienen otra secuencia ni orden sino el del mosaico estructural.

Un saxofón, a cargo de Andrés Loewe nos envuelve en esta dinámica cíclica de padres e hijos, de la insatisfacción constante que se siente entre uno y otro rol y que se repite cuando el hijo es padre y no puede ser lo adecuado para su hijo.

Como los tiempos están entremezclados, vemos la relación de Julio (Carlos Pascual) con su hijo pequeño (Tizoc Arroyo), así como la superposición de tiempo presente, pasado y futuro en un mundo sin lógica de encuentros de vivos y muertos, sin que tenga que ver con nada paranormal, todo se desenvuelve de un modo más freudiano en todo caso.

Julio es asesinado por su amante (Alfredo Herrera) al que conoce siendo este un chichifo de parque, aunque en realidad es “escritor�. La obra comienza con esta atractiva escena. Julio, un hombre sentado tranquilamente en un parque, es seducido por Bruno que con su cuerpo y su poder de convencimiento logra ser llevado a casa de un potencial cliente que a la postre se convertirá en su pareja fija.

Quizá la principal cuestión como espectador al salir de ahí es, cuál es el objetivo de qué me cuenten esta historia. En cierto momento uno se entera del asesinato, así que el que esté muerto, para el final, ya no es sorpresa, tampoco el momento que precede a la muerte, pues uno predice un pelito de amantes, que en este caso no tiene que ver con celos sino con poder, con la lucha de la imagen que el otro tiene de nosotros. Se vuelve un sinsentido la estructura si no es justificada por una lógica interna, bien de la dramaturgia o del montaje. Todo lo atractivo que posee de inicio la puesta se va desvaneciendo, pues si bien cada escena está cargada de cierta intensidad y momento dramático, uno no alcanza a comprender el conflicto general de la obra y el teatro sin conflicto, resulta ocioso.

Carlos Pascual nos regala un trabajo muy natural y fresco que es adecuado al ser el protagonista del drama pues hace contrastar los momentos de tensión con su trabajo tan fluido. Claro que, quizá a partir de la quinta fila los gestos tan sutiles no sean apreciados del todo como lo fue en la primera, pues es cierto que su interpretación era tan suelta que podría no gustar a alguien que busque un poco más de extracotidianeidad o artificiocidad. El conflicto de Julio al ser un padre gay de un niño pequeño que es molestado por sus amigos porque su papá es maricón, no llega a cristalizar en forma de rebote o consecuencia para Ramiro, el hijo. La interpretación que hace del personaje Tizoc Arroyo, a pesar de ser adecuada, pues hay un estudio corporal de la actitud infantil, se vuelve un tanto molesta pues para uno es evidente que el joven treintañero no es un niño y las actitudes que en un infante pueden ser simpáticas, en él se vuelven por momentos pesadas, sobre todo cuando más pequeño es su personaje.

Rodrigo Johnson como padre de Julio, entra en la misma tesitura de naturalidad de Pascual, lo cual crea una buena combinación de padre-hijo, ambos cínicos, humanos un poco ingenuos un poco sabios por la experiencia de la vida. Sus momentos juntos son disfrutables, aunque visualmente estorba el elemento escenográfico del reclinatorio que sólo ilustra la actividad del padre-abuelo y no aporta nada a la composición escénica ni al personaje, pues sólo es usado en una escena.

Alfredo Herrera en su personaje de un Bruno aspirante a escritor pero chichifo para sobrevivir, está dirigido bajo un cliché que rompe muchas veces y deja salir algo más interesante, sin embargo se debate entre estos dos estados.

El montaje pulula entre lo intrínseco de las relaciones, lo sutil y lo ilustrativo como la escena que después de un largo oscuro, nos muestra una mesa llena de sangre, de un momento del que ya hemos escuchado hablar previamente.

*Cabe aclarar que quien aparece en el póster, no es Carlos Pascual.

Foro Shakespeare
Zamora 7, Condesa
Lunes, 20:00 hrs.

EL GALAN FANTASMA

Octubre 2, 2006 por Iliana Muñoz  
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Con la finalidad de hacer inteligible el verso, el reconocido director Héctor Mendoza presenta esta obra de Pedro Calderón de la Barca en la Sala Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque.

Bajo esta premisa, el montaje nos muestra un escenario casi vacío, con una alfombra gris de piso y un tapiz azul sobre cuatro paredes que delimitan el espacio. Esto permite que toda la atención se centre sobre el actor y los juegos espacio-temporales que se crean sin mayor apoyo escenográfico. Ya en el segundo acto, entra en juego una escalera colocada en la lateral para fomentar un cambio espacial de escenas que se desarrollan en el bosque. Esta es innecesaria pues los juegos de convención continúan y el espacio dramático no continúa todo el tiempo en el bosque. La iluminación de Alejandro Luna es notoria pero sin dejar de ser elegante y precisa, apoyada por el constante recordatorio hacia el público de la convención teatral, dejando atrás los montajes de Siglo de Oro donde los personajes usaban quinqués, mostrándonos una situación dramática que requiere luz y que descaradamente se la piden a la cabina de técnicos, creando un juego que encanta al público, llegando hasta la catarsis final donde entra en escena una pistola que apoya el desenlace de la obra, pero con la idea, no de la actualización de la época sino de la inclusión de un elemento moderno ante los personajes que desconocen su procedencia, su uso y su poder, llevando al final a una parte álgida que hace que el público quede con muy buen sabor de boca.

El segundo acto se acerca más a la idea de gozo y entendimiento que se pretende, pues el acto precedente es confuso por momentos y de ritmo no apto de una comedia. Y es que el género es trastocado en este montaje, pues si bien dramaturgicamente pertenece a la comedia, ciertas decisiones en la puesta en escena y estilo actoral nos llevan al tono de la farsa, que es lo que se logra en el espectador, quien sale más contento de este juego que de la historia en sí.

Las actuaciones navegan entre la forma y estilización y el realismo. Aun así, se perciben intérpretes más aptos para este juego que otros, pues a pesar de los dos barcos en que transitan, algunos siempre son convincentes y a otros todavía se les ve verdes. Manuel Sevilla, que hace al criado Candil, con la típica relación que guarda con su amo en esta época, logra un trabajo siempre comprometido y de matices claros. Fernando Escalona, con un estilo muy particular que ya se le ha visto en otras obras, llena el escenario con su corporalidad y su interpretación, que aunque se nota estratégica, es satisfactoria. Julia es interpretada por Georgina Rábago con adecuadas intenciones, Elisa Mass y Lorena Abrahamsohn como las criadas resaltan en sus juegos escénicos con Candil, con Mass teniendo más dominio corporal, pero haciendo buena mancuerna en general. Laura Padilla como Enriqueta y Erika de la Rosa como Laura, tienen momentos muy buenos aunque contrastantes con otros poco interesantes, Sergio Alvarez como Astolfo y Francisco Cardoso como Carlos con personajes muy importantes que no logran llenar por completo, teniendo problemas con su voz, sus matices y su plantarse en escena.

La risa se desborda, quizá aprovechando el disfrute que el público tiene a veces sobre lo predecible. Hay elementos particulares que no tienen razón de ser, como los personajes desfilando al fondo del escenario en fila con corporalidades extracotidianas, acompañados de la música de Rodrigo Mendoza, que sirve de cortinilla de una escena a otra. Este elemento acompaña el canto de Fernando Escalona en un momento de casi “comedia musical� que no logra ser lo virtuoso de este género ni tan gracioso para ser una parodia.

En cuanto a comprensible, el objetivo se logra, sin ser mucho más osados que el contraste con el arma de fuego y aunque el vestuario es estilizado flotando entre el siglo XVI y los 20´s y el charleston de algunos personajes no hay un diseño de arte que nos hable de la construcción de un mundo particular, como, hablando de siglo de oro y verso, han logrado Carlos Corona con El Melancólico en teatro y Baz Luhrmann con su Romeo + Juliet en cine.

Una obra disfrutable, con el broche de oro que hace olvidar los momentos de pesadez cercanos a lo ininteligible común del teatro en verso, dejando la sensación de que sería un producto sobresaliente proviniendo de un creador joven, por la limpieza de la escena, y simplemente entretenido hablando de alguien con tanta trayectoria, llevándonos a los cuestionamientos sobre que la edad, la experiencia y la sabiduría quizá nos conducen a la búsqueda de la sencillez. Esto último lo tendremos que averiguar personalizadamente, por el momento habrá que ver la obra de teatro y no la expectativa del nombre del hombre detrás de ella, pues sin deberla ni temerla, la fama puede crear exigencias en los otros cuando alguien quizá sólo busca entretener.

HEDDA GABLER O EL ETERNO CUENTO DE…

Septiembre 25, 2006 por Iliana Muñoz  
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El personaje decimonónico de Ibsen, Hedda Gabler, guarda similitudes temáticas con Madame Bovary de Flaubert. Lo interesante es que hoy en día ambas guarden similitudes con el ser humano del siglo XXI, presa de la insatisfacción, la inconformidad y el aburrimiento. Hedda es una mujer que a lo más que aspira es a ser una anfitriona llena de invitados para así pasar los días. Actualmente a pesar del ritmo agitado de la vida, nada es suficiente y el síndrome “hedagableresiano� sigue consumiendo a la humanidad.

Es cierto que no cualquier persona sería presa de dichos sentimientos, pero Ibsen supo plasmar magistralmente la vida burguesa y el conflicto de este personaje paradigmático, bonita, inteligente, deseada por muchos, pero infeliz. Casada ahora con Tesman, bosteza de pensar en la vida que le espera y más cuando contrasta su matrimonio con su pasado amoroso y los filtreos y coquetería de los que es capaz con otros hombres.
Este año, como parte del Homenaje Internacional al dramaturgo noruego, en México
vemos el montaje de este clásico bajo la dirección y adaptación de Enrique Singer.

A pesar de lo escueto, que no minimalista, de la escenografía, todo el primer acto el espectador entra perfecto en la convención de estarse “asomando� a la vida de estos recién casados. El texto habla de una casa recién amueblada y a uno le da la impresión de un montaje escenográfico con pobreza económica y conceptual, que por otro lado, afortunadamente deja a la lupa el trabajo actoral, sustento del montaje. Porque si hay algo que resaltar, son las actuaciones, con una homogeneidad que se agradece y una entrega absoluta que nos regalan momentos realmente disfrutables. Lisa Owen, como Hedda Gabler, verosímil en todo momento, interpreta toda la línea dramática del personaje llegando a un punto álgido donde “el no puedo más� del subtexto se revela en todas sus acciones haciendo que su presencia en el escenario sea potente de principio a fin. Es acompañada por Concepción Márquez que nos abre la obra como la tía July, haciendo una excelente presentación y abriéndonos el apetito a degustar la pieza. Ana Graham como Berta, la sirvienta, quien adquiere un tono caricaturesco por su presencia nada discreta en el escenario, contrario quizá a la función del personaje, pero atendiendo, aparentemente a la propuesta de dirección, Roberto Soto como un alegre Jorge Tesman, Carmen Madrid como Thea Elvsted, Arturo Ríos como el Juez Brack, logrando que a uno se le borre cualquier otra imagen de cualquier otro juez Brack y Carlos Aragón como el complejo Ejlert Lovborg. La escenofonía se presenta como división de cada escena acompañando el dramatismo presente, su presencia es fuerte como la de la iluminación, que nos ayuda a enmarcar los momentos de tensión así como resalta el diálogo ácido.

Que la temática de la obra es vigente no queda duda, lo que está en tela de juicio en todo caso es si el género trágico es aun soportable por el público actual. Llego a esta reflexión, no sólo a partir de esta puesta sino de lo insostenible que se comporta el espectador ante los personajes ejemplares modernos que, con una trama intensa, terminan viendo la consecuencia de sus actos. Un poco esta incapacidad del espectador para comprender el género y un poco la dirección de este montaje, que, mientras el primer acto corre a un ritmo perfecto, involucrando al espectador de manera total, rompe ese vínculo con el intermedio y nos brinda un segundo acto demasiado precipitado, en donde las acciones y los sucesos dejan de ser creíbles y dan paso a la risa del espectador, que bien, puede ser resultado de una tensión, de nervios o de no estar acompañando la sucesión de hechos.

Y es que en esta parte, aunque el elemento actoral está realizando un trabajo más que correcto, el tono que toma la obra se torna en melodrama o farsa. Hay decisiones que en un teatro tan pequeño como en el que se presenta, son peligrosas. Al necesitar un objeto en qué quemar un escrito, aparece después del intermedio un aguamanil que nunca encuentra su justificación escénica, pues el personaje del juez lo usa aparentemente para lavarse la cara por la mañana, pero es una acción meramente de requisito, lo cual evidencia la incomodidad del objeto en escena (mas cuando la cantidad de estos es tan limitada), y posteriormente cuando es tomado para ser cambiado de lugar es evidente que es de plástico, rompiendo toda ficción basada en la época, pues si bien el montaje no plantea el naturalismo, en el diseño de vestuario maneja un estilo realista y elegante y en la escenografía y en la utilería se usan objetos que funcionarían en un teatro grande donde el público esté lejos, pero a la distancia real se siente molesto que el vino blanco sea agua simple, que el álbum de fotos del que todos le vemos de cerca, esté vacío, etc…Eso respecto a los objetos, en cuanto a ritmo, la “adaptación es correcta� pero es inverosímil que hacia el final todo suceda tan intempestivamente, se siente un ritmo impuesto, no natural de los personajes, del contexto y de las circunstancias, así como tampoco es creíble que Lovborg tome un trago de vino y al segundo siguiente ya esté ebrio.

Sin embargo, a pesar de estos detalles y de que es mejor el primer acto que el segundo, la obra cuenta con dos elementos de riqueza innegable, el texto dramático de Ibsen y un excelente trabajo actoral, haciendo que definitivamente valga la pena acudir como espectador al homenaje que la humanidad, tan bien retratada por Henrik Ibsen, le hace a su pintor.

HEDDA GABLER
Teatro El Granero
Centro Cultural del Bosque
Lunes y Martes, 20:00 hrs.

RANCHERISIMAS

Septiembre 18, 2006 por Iliana Muñoz  
Post en ARTE y CULTURA, Teatro y Danza

Este 15 de septiembre lo último que pensé fue llegar a sentir un gramo de patriotismo en la sangre, y aun cuando el reto era difícil, además de que no propuesto, pues segura estaba de que no sucedería, vino un espectáculo a mostrarme que estaba yo equivocada.

Mariana Gajña y Marissa Saavedra se autodenominan una güera y una morena producciones regalándonos un espectáculo de música, jolgorio y diversión en el Teatro La Gruta del Centro Cultural Helénico.



Quizá el espacio donde se presentan no es calificativo de la propuesta, pues hay que aclarar que aunque ambas son actrices, realmente esto no es teatro, mantiene elementos comunes pues es un hecho escénico, requiere de interpretación, de interrelación con el espectador y es tan o más entretenido que el teatro, sin embargo no hay conflicto ni nos cuentan una historia de manera tal que pueda ser denominado así.

El asunto es que eso no importa, sale sobrando pues logran el objetivo de que el espectador se entregue blandito ante ellas mientras los participantes de la puesta hacen los mismo, se dan. Esa entrega se siente y aunque, es lo que deben hacer de facto, se agradece y mucho.

El “show� mexicano está constituido por dos mujeres, una güera y una morena que, so pretexto de interpretarnos sus canciones, intercalan pequeñas historias o prefacios a cada una de ellas. La manera de hacerlo es invitando a los asistentes a jugar la lotería con ellas. Así que cada canción que cantan es una carta y uno va tachando literalmente su tarjetón hasta que haya un afortunado que grite “lotería�. Están acompañadas por Alfonso Borbolla que si bien no canta, desquita con creces su presencia ahí. El funge como múltiple hombre usado o ejemplificador de ciertas conductas, logrando diversos matices corporales y vocales y siendo a su vez es un contacto importante con el público, quien, lo acepta a manos llenas. En la sala, con el paso del tiempo, se logra crear un ambiente de familiaridad tal, que recuerda a las carpas o el cabaret. Lo agradable del caso, es que uno nunca es instado a llevar a cabo esta conducta, sino que surge de manera espontánea y natural, ayudada claro, por la venta de cervezas y tequilas en el lugar, remitiéndonos a una cantina de pueblo, pero con estilizaciones bienvenidas al lugar, pues es relevante decir que el espectáculo está concebido de manera cabal, la producción logra que cada elemento en el escenario (y fuera de él) en la butaquería o en las mesas (pues hay con dinero, para elegir) sea adecuado y de excelente calidad.

Las intérpretes, cantantes, creadoras y demás del espectáculo logran una complicidad muy buena con el público, haciendo que no haya distinción de géneros o edades. Aun cuando lucen muy sexys en sus trajes de chiapanecas con minifaldas, tacones de lentejuela y medias de red, no logran ni por un momento la antipatía de las féminas y todo se desenvuelve de manera muy amena.

La propuesta incluye música en vivo, con Yurief Nieves, Sergio Robledo y Rodrigo Martínez, quienes están muy bien acoplados a las cantantes, logrando momentos de sincronía absoluta.

Quizá el único inconveniente es cuando ambas voces cantan de manera simultánea pues se vuelve evidente que la voz de Marissa Saavedra, potente y con una peculiar tesitura trabajada, opaca a la de Mariana Gajá, siendo esta quien luce más su bis cómica. Quizá estas características son las que, finalmente, logran un equilibrio de “talentos y simpatías� tan florecientes en esta representación. Todos los elementos están muy bien elegidos, desde el reparto humano hasta la elección de los temas siendo la carta de “los ardidos�, con la canción Necesitas Gerolán, cuando más cercano se está de una teatralización de un tema cantado.

Al final todo el público acabó coreando México Lindo y querido, teniendo un final digno de un concierto y haciendo que más allá de la “independencia� los presentes disfrutáramos de una comunión, efímera pero intensa. Sin duda fue una función importante tanto para los creativos como para el público que lo vivimos esa noche, seguramente irrepetible, pero con la fortuna de que el espectáculo está constituido con una calidad tal, que aun sin la euforia del 15 de septiembre, seguro se vivirá como algo muy disfrutable.

Rancherísimas
Con: Mariana Gajá, Marissa Saavedra, Alfonso Borbolla
Músicos: Yuriéf Nieves, Sergio Robledo, Rodrigo Martínez
Asistente de dirección: Daniela Arroio.
Foro La Gruta
Centro Cultural Helénico
Viernes 20:30
Sábados 19 y 21 hrs.
$90 y $120

CUENTAS PENDIENTES

Septiembre 4, 2006 por Iliana Muñoz  
Post en ARTE y CULTURA

Anónimo drama es una editorial creada por Carlos Nophal, en inicio, para difundir textos dramáticos. Posteriormente, instaura la colección literalia en donde se incluye literatura que no pertenece al género drama.

Cuentas pendientes pertenece a esta colección, es un libro de cuentos escrito por Josué Lira (Cd. De México, 1968).

Como su título lo indica, las cuentas que este autor tiene que contar y, en su caso, que pagar, son tan diversas como las que los seres humanos contraemos a lo largo de nuestra vida. Así, con un estilo ecléctico en el general del libro pero con una unidad indiscutible en cada uno de sus cuentos, el autor nos envuelve en sus relatos, haciendo presente la consigna tan paradójica en el quehacer artístico que es, mientras más personal, más universal.

Cada uno de los nueve cuentos posee una energía propia, según la cuenta que se deba, claro está. Siempre con un manejo de lenguaje impecable, pero con distintos estilos, Lira nos introduce lo mismo en el trauma de una adolescente convertida en mujer (E mail), con su particular forma de la temática que Joaquín Sabina nos sintetizó diciendo, No hay nostalgia pero que añorar lo que nunca jamás sucedió…que en la visión sui géneris de un vagabundo presa del terror urbano (Un hombre con hambre) que nos remite lo mismo a Allan Poe que a Easton Ellis, este último recordado también en La confesión.

El libro se hace disfrutable justamente porque nos lleva de un estadio a otro, sin un orden ascendente lógico, igualmente el tono, pasa del cómico (Ni tan Valentín), al aparentemente “light�, a la densidad de lo ininteligible. Como el recorrido de cualquier personaje, el autor se vacía en sus personajes cambiando la voz del narrador, siendo lo mismo una mujer, que un hombre.
Se tiene que saber usar el idioma y las características y riqueza de la lengua para poder jugar con ella, desbaratarla y ser lo mismo simple que el ser más barroco ya no sólo en el uso de las palabras sino al ser el arquitecto de las formas y estructuras en las que un cuento se articula, manteniendo siempre, la atención del lector. Con Valeria y dos express y Dédalo el autor nos invita a aquellos juegos cíclicos, a la meta realidad, la metaliteratura, la metafísica, la ontología de la creación, de las dimensiones y de los tiempos, sin dejar de lado, en algo tan complejo, el humor ácido inherente a su realidad.

Podría cada lector hacer una clasificación de los cuentos por tema, forma, modo, personajes, tono o complejidad, cualquiera que se haga, de manera explícita o tácita, nos dará como conclusión la categorización en la que el lector se identifique con aquello que se llama gusto, pero admitiendo, de cualquier forma la calidad del escrito. Las letras, como una de las formas de expresión más antiguas del hombre, nos llevan a replantearnos el dicho de Heráclito de que no hay nada nuevo bajo el sol. En efecto, así es, pero cuando se adquiere honestidad aunado a la técnica se obtiene un resultado en el que el lector valida la experiencia del autor, en primer lugar leyéndolo (gracias a ser publicado) y posteriormente, experimentándolo.

Ni siquiera existe un perfil definido de lector, pues lo mismo lo disfrutará un ser sencillo que un ser que goce del barroquismo, quizá de esto dependa su ranking personal. Al ser una colección de cuentos, uno puede, como en un disco, saltarse un track, leerlos en desorden o llevar a cabo las obsesiones más personales de lector.

Se aconseja no desesperarse en el cuento no accesible, quizá es el momento, quizá no es para hoy, quizá nunca será ese cuento para uno, pero si se da oportunidad al siguiente uno puede haber abierto la caja de Pandora y quedar tan fascinado como satisfecho del producto, pues en definitiva uno no puede leer Cuentas Pendientes y pasar de largo, quizá haya molestia, hastío, reflejo, pero intensidad y provocación son una promesa de estos cuentos.

Anónimo Drama está disponible en el Centro Cultural Helénico y en algunos otros centros de cultura. Para mayores informes puede escribir a anonimodrama@gmail.com o llamar al 5709 12 16.

LOS CUATRO CANTOS DE LA BESTIA

Agosto 29, 2006 por Iliana Muñoz  
Post en ARTE y CULTURA, Teatro y Danza

La guerra existe desde que el hombre es hombre, hoy es Líbano, ayer fue cualquier lugar donde la célula del género humano habite. Un parteaguas en el tema lo constituyó la fabricación de la bomba atómica en el siglo pasado. Las dimensiones extraordinarias que tomaron las manifestaciones del odio han sido dignas de la ficción. Y para expresar una opinión particular sobre el tema, ¿qué mejor que la ficción en el escenario?.


El dramaturgo y director David Herce tomó como premisa el tema de Hiroshima y su contexto para crear su espectáculo Los cuatro cantos de la bestia, la dramaturgia ha sido merecedora del Primer lugar por el Premio Nacional de Dramaturgia Gerardo Mancebo del Castillo.

El proceso de creación del montaje duró dos años, trabajo que por momentos es evidente en la escena y en otros uno no pensaría que llevó tanto. Sin embargo el tiempo es palpable en la concepción absoluta partiendo desde cero, tomando muchas posturas, desechando propuestas, intentando una y otra vez métodos expresivos desde la dramaturgia, la actuación, la iluminación, etc. porque lo que si es evidente es que la obra fue concebida como un producto completo en su totalidad, en el que, si hay cabos sueltos, es mero accidente, pero todos los elementos participantes deben encajar, desde la producción, la cual está muy bien pensada en todos sus ámbitos hasta la elección de las atmósferas lumínicas, el vestuario y la música. En estos tiempos donde es tan difícil constituir grupos de teatro cohesionados, siempre será interesante ver el resultado de uno con un trabajo arduo tras de sí.

El tema es muy complejo y parece ser que al querer asirlo por completo, se quiere tocar demasiado, sin lograr el mismo efecto en todos los cuadros, pues la puesta no está conformada por una historia lineal sino por cuadros por momentos inconexos que muestran diversas aristas de la misma temática. Falta justamente hallar el hilo conductor que haga que el paso de una escena a otra no se sienta agresivo, sino natural, aun cuando haya evidentes cambios de personajes y tonos. Es notable la búsqueda de la universalidad, utilizando diversos idiomas y referencias culturales, haciendo del producto, un consumible multiregional.




Es indudable que el proceso de exploración actoral tuvo rangos muy amplios, por lo que parece les fue difícil “editar� el material a presentar y hay momentos en los que el significado intrínseco no logra pasar hasta el espectador sino que sólo se queda rondando en el círculo interno de los actores. En este punto, a pesar del entrenamiento conjunto durante tanto tiempo, no se logra una homogeneización en técnicas, maneras de proyectar ni en estilos de interpretación por lo que uno puede observar una gama diversa de trabajos, lo cual es interesante al ser participe de escenas memorables, como la interpretada por Verónica Roblero en un monólogo que, vestida de kimono rojo, con una lengua ininteligible para nosotros se sincera con el dolor de una perdida creando un estado de trance vocal y físico muy interesante. Pero por otro lado, hubiera sido deseable tener un nivel común en los intérpretes. Quizá lo único que comparten de manera innegable es el compromiso y la convicción en el proyecto que demuestran en el escenario. La obra corre el peligro, desgraciadamente, de ser irregular de una función a otra, no logrando siempre la cumbre alcanzada en la función anterior, por ejemplo, cuestión que durante una temporada puede presionar a los actores pero también hará que encuentren su equilibrio ahora que su trabajo adquirió forma al estar bajo la lupa del espectador.

El montaje no sólo muestra las caras del cubo de la destrucción, sino que lo hace con estilos diferentes, finalizando con una escena de clown, con el ritmo, la comicidad y la lógica interna que el género implica, siendo que al principio lo primero que uno ve es una escena muy lenta, con respiración basada en técnicas como el Tai-chi, en donde uno asiste a la vida cotidiana de los personajes antes de la llegada de la bomba que destruiría sus vidas.

Por instantes uno asiste a la construcción de imágenes muy estéticas que permiten la contemplación instantánea, sin embargo carecen de un significado tangible. Es interesante como se llega a ellas, pero quizá el error radique en el de tiempo de duración, pues no tiene caso que sea muy largo lo que es incapaz de transmitir algo más allá de la primera impresión visual. Las reminiscencias son variadas, la influencia oriental, las artes marciales, el tema del amor como una bomba, como en Hiroshima mi amor, tema que está apuntado, pero no explotado.

El espectador pasará de un estado a otro, de una escena a otra, de un estilo a otro, la reflexión es permanente, lo ideal sería lograr integrar el lado emotivo también como una constante, pues es un objetivo perceptiblemente perseguido por la compañía.

Un trabajo que a uno le puede gustar o no, pero en el que definitivamente hay mucho trabajo de por medio.

LOS CUATRO CANTOS DE LA BESTIA
Elenco: Isis García, Noé Hernández, David Herce, Sofía Beatriz López, Verónica Roblero

TEATRO CARLOS LAZO.
FAC. DE ARQUITETURA. C.U. Insurgentes Sur 3000
MARTES 7:00 p.m. $80, desc. con credencial.
www.peregrinoteatro.com.mx

MEMORIAS DE UN GEISER (caliente-caliente/frio-frio)

Agosto 21, 2006 por Iliana Muñoz  
Post en ARTE y CULTURA, Teatro y Danza

Como diría Joaquín Sabina, “Ahora que…�, ahora que el teatro Bar El vicio está en sus festejos de 1er aniversario bajo el Régimen de Las Reinas Chulas, ahora que el país está como está, ahora que el mundo está como está con sus guerras y sus bombas y su pobreza de siempre, pero ahora que es a nosotros a quienes nos toca vivirla, es a nosotros a quienes nos toca tomar una postura al respecto.

Ahora que… todo y nada, Monserrat Marañón nos presenta Memorias de un Geiser, bajo su dirección, conceptualización y actuación con una interpretación fársica de un chino (con toques japoneses) que hace sufrir o bromear o repelar a una “india� interpretada por Cecilia Sotres. La obra gira en torno al “agua� y la falta de esta, todo lo que pueda girar en torno al tema, pero a la manera de cabaret.

Al entrar al Vicio, uno disfurita el ambiente minimalista del que se ha vestido el espacio, uno puede respirar el buen gusto de la Marañón, (sin saber en ese momento que era idea suya) pues el escenario está totalmente cubierto por una sencilla (y barata, pero elegante) manta color crudo llenando así todo el suelo con sus escaleras, el telón de fondo y solo unas enormes piernas hechas del mismo material pintadas con letras orientales, enmarcan el espacio escénico. Al fondo un bello bonsái y al frente un par de pantallas de papel colgadas sobre un foco. Estos elementos son suficientes para generar un ambiente atractivo, interesante y de buen gusto. Es escenario perfecto para contrastar con lo kitsch del espectáculo que como buena farsa, debe incluir personajes exagerados, burdos, toscos y vestidos de manera estilizada.

A pesar de las múltiples risas provenientes del público es difícil que el show llegue al nivel de lo que el ambiente inicial nos plantea. Los chistes son predecibles, las actrices tienen un desnivel actoral evidente, pues mientras Monserrat Marañón se mantiene todo el tiempo en su personaje, Cecilia Sotres tiene una mueca de risa involuntaria la mayor parte del tiempo, sin lograr que uno crea jamás que esa mujer alta, delgada y guapa es una india de Aguascalientes que no tiene ni en qué caerse muerta. Y es que este género tan necesario hoy en día para reírnos de aquello que seguramente nos hará llorar, tiene sus inicios en disciplinas tan antiguas como la misma Commedia de´ll Arte o aquí en México en la carpa de los años 40´s y 50´s. Sin embargo, lo que siempre se ha mantenido como característica esencial de la comedia es que mientras más en serio se tome el actor su papel, más risa causará en el espectador. Aquí hay muchas complacencias en el escenario y aun cuando a nivel de producción tienen todo para lograr un espectáculo redondo, se crea un eclecticismo tal que uno no sabe para dónde voltear.

Justamente al encontrar una salida, uno se topa con los músicos en vivo, dos hombres multidisciplinarios que acompañan con su quehacer toda la representación. Su desempeño es impecable y entre ambos tocan diversos instrumentos, ambientado entre lo oriental y lo puramente mexicano, dándonos eso que tanto nos gusta, música y show pa´divertirnos.

Ante la falta de humor fársico, ese que te destornilla de la risa y que provoca un efecto catalizador, es fácil que uno perciba las incongruencias de su ideología, porque justamente hay una fuerte crítica a aquello que es light, al consumismo, a la televisión, a las marcas, sin embargo su crítica es superficial y destornillada. En primer lugar porque están más que enteradas de dichos objetos como para poder criticarlos en su entraña, no así con el aspecto social, pues es absurdo que juzguen a los consumidores de agua evian y bonafont, cuando al voltear, uno ve una población claramente burguesa (pues claro, sólo en esa situación podrían pagar el costo del cover y el consumo). Y sus chistes, que en muchas ocasiones son juegos de palabras, de esos que se nos ocurrían en la primaria no llegan a ser una reflexión sobre la situación social o económica o cultural o política de ningún lado, claro que lo venden con la etiqueta de que lo es, así que el espectador empático, se ríe o para ser aceptado dentro de ese sector seudointelectual o para “biengastar� sus $120 ya pagados por ver el show.

El espectador en general parece divertirse mucho, se nota una comunidad que raya en hermandad en dicho lugar, lo cual es disfrutable, bien como voyeur o como participante activo. Hay un público asiduo que asiste por amistad, parentesco o mera admiración a las creadoras y no es criticable pensar que si les funciona para este público, que es su público, entonces su espectáculo funciona y ya.

PEER GYNT

Agosto 14, 2006 por Iliana Muñoz  
Post en ARTE y CULTURA, Teatro y Danza

“Bástate a ti mismo�, Ibsen

A lo largo de la historia se ha recalcado una y otra vez lo irrepresentable que resulta esta obra del dramaturgo Henrik Ibsen, mejor conocido por su Casa de Muñecas, obra que es diametralmente opuesta a la que hoy en día monta Carlos Corona en el Teatro Santa Catarina.

La obra dramática en cuestión se ha ganado tal adjetivo al ser una tragicomedia con tantos episodios y personajes que se antoja apta para una súper producción Hollywoodense, exclusivamente. Corona la adapta, en una puesta de dos horas media, (se dice que la original duraría 5 horas) resuelta con ocho personajes. El simple hecho de montarla, es toda una hazaña, montarla bien, ya no excelente, sino bien, es apoteósico.

Peer Gynt es la primera obra de un anti héroe, este pasa por tantas aventuras, que el personaje se nos presenta como ancestro directo de personajes cinematográficos modernos como Forrest Gump, Big Fish, Oh my brother, Catch me if you can, Talented Mr. Ripley, poseedor de toda la humanidad contenida en su recorrido por convertirse en emperador del mundo, hasta encontrarse, después de tantos episodios, con él mismo. ¿Qué puede haber más metafísico que eso?

Llevar a escena tratamiento tan delicado, no es cosa fácil, sobre todo cuando el texto exige multiplicidad de escenarios, de climas, de universos. El director Carlos Corona supo adaptar el texto de manera que, quien no conoce la obra, se quede con una sensación de integridad anecdótica, convirtiéndose la trayectoria del personaje en una concepción redonda y vasta. Con ayuda de Auda Carraza y Atenea Chávez como escenógrafas, y Matías Gorlero como iluminador, Corona logra sacar, a manera de bolsa de Mary Popins, todas las atmósferas requeridas para contar su historia. De una plataforma de madera, con un declive diagonal y una continuación que abarca la pared y parte del techo, se desprenden los mínimos elementos para crear lo mismo un hogar pobre, que una fiesta suntuosa, una cabaña, que el mismo infierno o una colina, hasta llegar al clímax de esta construcción en la escena que logra unificar a todos los elementos participantes, la escena de un naufragio en donde Peer Gynt (Rodrigo Vázquez) y un cocinero (Mariana Treviño) están a punto de morir. Aquí, la parte delantera de la construcción se desprende del suelo y se eleva para transformarse en la proa de un barco. Los actores apoyan el movimiento de la madera con sus propias herramientas, creando un momento muy emocionante para el espectador.

A pesar del contexto histórico al que pertenece la dramaturgia, lo cual no es evidente, pues su estilo humanístico se instala vigentemente en cualquier época para convertirse en un clásico, Corona introduce elementos locales y temporales que contrastan estilísticamente para enfatizar y hacer espectacular la puesta, aun cuando esta característica diluya la sustancia de la obra. Recurso muy utilizado en sus montajes, por lo que ya no nos extraña ver a los personajes bailando La macarena.

Dentro de esta misma línea se encuentra el vestuario (de Jerildy Bosch, María Figueroa y Tolita Figueroa), por momentos con reminiscencias a la raíz histórica de la obra o bien con propuestas posmodernas que se instalan en lo kitsch. Ambas elecciones, siempre bajo una estilización homogénea del concepto. Esto convierte siempre en particulares los productos de Corona, alejándose de los demás, instalándose y confirmándose en su estilo.

La música de Mariano Cossa, colaborador constante de Corona, con características igualmente eclécticas, acompaña la narración adaptándose a ser una atmósfera, un ornamento o un catalizador de emociones.

Corona sabe resaltar las características que constituyen una tragicomedia, los episodios están enlazados de manera fluída y congruente, no se nota un remache de más o una atadura de menos. Con su contenido, la forma del director lo mismo nos remite a Alicia en el país de las Maravillas, en su escena de la oruga o de las cartas y la reina, que a Peter Greenaway o al mismo Spielberg.

El ritmo, a pesar de que es mejor en el segundo acto que en el primero, consigue tener al espectador de la mano del actor Rodrigo Vázquez que con el ropaje de Peer Gynt logra que el espectador siga la travesía de un nada paradigmático protagonista, pues miente, roba, viola, engaña, abusa, saliendo airoso en el último momento e intenta introducirnos en el conflicto al que este se somete cuando es avasallado por la consecuencia de sus actos, en un callejón sin salida del que sólo su ser interior tiene la solución. Vázquez es capaz de sostener el protagónico de la obra, sin embargo no consigue la conmoción final a la que el género debe de llegar. La cercanía del espacio permite que el espectador lea la forma, por cierto muy correcta, más no la entraña del actor, necesaria para el in crescendo que el segundo acto propone, con un final estremecedor y filosófico que Ibsen le da a la anécdota.

El planteamiento de Corona precisa que todos los actores, excepto Rodrigo Vázquez interpreten a varios personajes, lo cual es un reto ambicioso a la vez que un deleite para el espectador cuando la resolución es acertada. Laura Almela, interpreta a la madre de Peer Gynt, Asa, a un gnomo y al fundidor. Su desempeño es monótono, sin lograr imprimirle veracidad a su discurso ni diferenciación técnica y/o emotiva entre Asa y el fundidor. Los demás actores, José Carriedo, Joaquín Cosío, Avelina Correa, Viridiana Olvera y Mariana Treviño, representando mínimo a tres personajes cada uno, ofrecen una buena interpretación, resaltando el trabajo de Carriedo, Olvera y Treviño, quienes por su juventud actoral muestran un ímpetu y entrega que se agradece y el trabajo de Boetto, quien logra hacer gala de su experiencia, particularizando cada oportunidad de estar en escena.

Una puesta que en definitiva vale la pena ver, como pretexto en este año de conmemoraciones al dramaturgo noruego, por sus resoluciones escénicas, porque todo aquel que la haya leído no logra imaginársela en un escenario y porque todo aquel que no la conozca en papel, disfrutará que se la presenten bajo la encomienda de estos sagaces creadores con los que uno puede estar de acuerdo o no, pero a los que no se les puede discutir el trabajo invertido, el sudor de su frente, su mente y en momentos el hallazgo profesional siguiendo la consigna del autor: “Bástate a ti mismo�.

Peer Gynt
Foro Sor Juana Inés de la Cruz.
Centro Cultural Universitario.
Insurgentes sur 3000.
del 5 de agosto al 8 de octubre
Sábados y domingos 13:00 hrs.
(16 y 17 de sept. no hay función)

EN ESTE LUGAR CABE TODO, MENOS BETTE DAVIS

Agosto 7, 2006 por Iliana Muñoz  
Post en ARTE y CULTURA, Teatro y Danza

En estos tiempos post electorales, donde los ánimos están a punto para expresar su opinión en presencia de cualquier desconocido y en la búsqueda de que los demás mienten madres por las que nosotros no nos atrevemos, se presenta en el Teatro Bar el Vicio el espectáculo “Bette Davis, en este lugar no cabes�. Una vez más el género de la vieja revista musical, tan de boga hoy, se autoproclama en el trono de ser el más adecuado para remover costras políticas y provocar un efecto catártico ante el absurdo de esta vida en un contexto totalmente socio-político-económico. Claro, que para poder ser parte de esta experiencia en la que abiertamente serás aprobado si eres de izquierda y cuestionado por haber votado por la derecha, por una botarga, o por no haber votado, para poder tener derecho de reirte desde las entrañas en donde duele la mediocridad de la clase media, para dejar que se rían de ti mientras tú te ríes aparentemente del que se para en el escenario, sí debes pertenecer a una clase, debes de entrada poder pagar un cover de $150 más consumo.

Si estás dispuesto o bien, apto para cumplir ese requisito, puedes estar seguro de que pasarás un buen rato en compañía de dos intérpretes multidisciplinarios, Marisol Gasé, quien encarna al pretexto del título, pues el show comienza con la supuesta entrega de un Oscar a la “diva� Bette Davis, Gasé hace un sketche de este momento, en el que la ganadora de la presea dorada está vieja y cansada y nos remonta a sus años mozos donde se pasará lista de manera fársica a temas como las adicciones, el amor, las relaciones, los políticos del momento, la profesión, etc., descontextualizando totalmente al personaje de Davis, pues fuera de un intento de caracterización física, no existe una imitación ni una explicación de la referencia a la actriz hollywoodense, se hacen algunos juegos de palabra con su nombre, pero hasta ahí. Uno entra en el juego de un stand up comedy de Marisol Gasé, más bien. La acompaña, ejemplarmente, Fernando Rivera Calderón quien funge como el músico-amante de la Davis, ambos logran una dinámica de amor-desamor entre sí y una divertida interacción con el público. Fernando al piano y en acompañamientos vocales, Marisol cantando, inventan letras que van de lo trágico a lo cómico en un santiamén, con luces rojas, azules y amarillas, típicas de cabaret. En este espectáculo, no te quedarás en tu butaca como mero observador, pues serás cuestionado, nombrado, interrogado, de tal forma que se crea una especie de hermandad en la que te ríes abiertamente con el desconocido de al lado o le gritas a 5m. de distancia a aquel que profirió una opinión política distinta a la tuya.

Si de por sí el teatro necesita de la energía generada entre público y actores, el cabaret respira de esta relación. Al principio, el showman y la showgirl se sentían tensos, hasta podría uno creer que son un tanto cuanto antipáticos, conforme pasa el tiempo y los músculos en el escenario y la butaquería se relajan, surge la camaradería y la simpatía aflora del escenario, así como la mejor demostración de su talento que ya no se siente impostado, sino fluido.

Si bien el ritmo sube y baja constantemente y los chistes sobre políticos llegan a ser repetitivos, Gasé y Rivera Calderón logran una gran sonrisa en su público, aplausos, reflexión y catársis.

“Bette Davis, en este lugar no cabes� se presenta los viernes a las 22:30 hrs en El Vicio, Madrid 13, Coyoacán

MAS IMPRO QUE LUCHA

El grupo Complot Escena, comandado por José Luis Saldaña y Omar Medina, quienes han logrado reconocimiento en los últimos años por su arduo trabajo sobre la escena, se lanzan a esta aventura que implica una de sus especialidades, la improvisación, mejor conocida como “impro�.



Este género que data de los años 70`s y que en diversos países del mundo ha tenido sus momentos dorados, hasta pasar por el sorprendente programa televisivo americano, Whose line is it anyway, se basa en “un conjunto de técnicas que tienen a la improvisación como fin artístico, lo que el espectador ve es lo que el actor crea y ejecuta en un mismo instante�. Respecto a lo artístico, podríamos dejarlo en un fin de entretenimiento pues sería una ardua discusión analizar los cánones artísticos de esta disciplina (como de cualquier otra en la actualidad).

En México, el género impro ganó popularidad hace unos cinco años con el formato de futbol, así los actores se reunían en equipos que seguían la estructura de una “liguilla� con uniformes, porras, himnos, público, cancha, scores y eliminatorias.

Ahora, participantes de ese formato inicial, se reúnen para seguir improvisando, pero esta vez poniendo como contexto la lucha libre. José Luis Saldaña, director del espectáculo funge como referi, los actores-improvisadores, están previamente combinados en parejas de “luchadores�, de las cuales se forma un sector de técnicos y uno de rudos, cada equipo posee características diferentes que atañen a sus nombres y por ende a su diseño de imagen en general (Terapia Tóxica, El Clan de los Clones Clownes, Envergadura Coreana, Sus Altísimas Bajezas, Los Amos de llaves, Piratas de la lagunilla).

La producción del espectáculo está muy bien realizada, pues realmente te remite a un ambiente de lucha libre, cuentan con un ring muy llamativo, el cual tiene colchones especiales para las peripecias corporales que sean capaces de realizar, vestuarios divertidos y funcionales con botas de boxeador elegidas por cada integrante, un réferi con tirantitos que controla y provoca adecuadamente y aunque sabes que estás en un teatro, es fácil entrar a la convención y divertirte, emocionarte al gritarle al réferi, a los luchadores, o bien al vendedor de chelas para que te traiga unas bien frías. Este ambiente es acompañado por la música en vivo del grupo “Los Sincara�, quienes a ritmo de surf amenizan los intermedios así como musicalizan más que adecuadamente las improvisaciones de los luchadores. Lo único que sale sobrando es un pizarroncito blanco en el que anotan el puntaje, pero es tan pequeño, blanco y mal elegido su lugar en la disposición escénica, que sale sobrando.



La lucha se da con tiempos y caidas definidas, se trata de improvisar, con frases que el público depositó previamente en una máscara de luchador, el tema, el tiempo, la estructura y la forma, la indica el réferi, así que es una lucha creativa, verbal, imaginativa y hasta de simpatía pues al final de cada improvisación el público vota por su favorito (mano para los técnicos, puño para los rudos). Dentro de este menester, es notable que algunos tienen más experiencia que otros y hay varias mancuernas formados por un experto y alguien que se nota más verde en el asunto, en estos casos el experto sale pagando lo novato de su compañero, siendo admirable que no haya lucha entre ellos. Al principio todo es muy llamativo, sorprendente y divertido, conforme pasa el tiempo, luchadores y públicos parecen cansarse y la creatividad y el ritmo disminuyen su fuerza. Se nota una clara intención por lograr ambas cosas, improvisación y lucha, pues dentro de una improvisación y otra los personajes creados por los actores se dan “piquesâ€? y se presta para que el cuerpo entre en acción y ahora el público se adrenalice con llaves, martillos, uso de las cuerdas, acrobacia, maromas, lucha limpia y payasadas. Es evidente que apenas se están acostumbrando y que deberán adquirir más experiencia en esta área para equipararla con la que tienen como improvisadores, pues lo interesante del concepto justamente es llevarse un combo 2×1, es decir agilidad mental y agilidad muscular. Y es una lástima que un espacio escénico/ring tan apto no sea aprovechado al 100%, pues ellos proponen una lucha de a de veras, emocionante, ya que al final del campeonato, se jugarán en verdad, la cabellera, aunque hay uno que otro que no tienen mucho que perder, resulta atractivo para el público, pues la ficción rara vez les ofrece un intercambio tan cercano con la realidad.

Otro punto interesante es que al final de cada función, el público puede subirse a retar a la pareja que haya ganado esa noche e improvisar contra ellos, como en todo, habrá noches más excitantes que otras, afortunadamente, la seguridad que te crea la improvisación es que definitivamente cada noche es distinta a la anterior, por lo que el público, si gusta del género puede ir una y otra vez y hacerse de sus favoritos. Para quienes nunca han asistido a estas pruebas de imaginación y juegos lingüísticos, así como a los que se han familiarizado con la estructura de la improvisación y no están dispuestos a ser fans, o los que disfrutaron de la maestría de los participantes de Whose line… vale la pena acudir a ver una función, ver en vivo, a la mayoría de los participantes con un nivel muy alto, seguro se divertirán y a los que disfrutaron del formato de futbol, seguramente gozarán con esta propuesta, pues allá ni siquiera incluían el balón, ni pases o cabezazos y aquí al menos hacen el intento, renovando el “match� tan conocido en el Centro Cultural Helénico y seguramente con el paso de las luchas, mejorarán, esperemos, hasta ofrecer un espectáculo completo en ambos sentidos, como lo promete su oferta.

“La Improlucha�
del 5 de agosto al 30 de septiembre
Sábados 20:00 hrs
Teatro la Capilla
Madrid 13, Coyoacán

Elenco: José Luis Saldaña, Ricardo Esquerra, Angélica Rogel, Juan Carlos Medellín, Ricardo Zárraga, Maricarmen Núñez, Leonardo Ortízgris, Daniela Arroio, Alfonso Borbolla, Romina Coccio, Fabián Garza, Sergio Bátiz.

Los Sincara: Yurief Nieves, Miguel Haller y Raúl Topete

Dirección: José Luis Saldaña

Conceptualizadores: Omar Medina y José Luis Saldaña